martes, 10 de noviembre de 2009

Desayuno con diamantes


No obstante ha logrado hacer algo: hacerme sentir culpable. No porque me hubieran dado el papel ni porque yo hubiera podido ser buena: no podía ser ni una cosa ni otra. Si me siento culpable es porque yo lo dejé soñando en tanto que yo no soñaba ni por pienso. Solamente los embaucaba para tener tiempo de pulirme un poco. Pero, ¡demonios!, sabía perfectamente que yo nunca sería una estrella de cine. Es demasiado duro; y si una es inteligente, resulta muy complicado. Mis complejos no son suficientemente inferiores; ser una estrella de cine y tener un voluminoso ego es cosa que se considera inseparable; en realidad, lo esencial es no tener ningún ego. Ni qué decir tiene que no me disgustaría ser rica y famosa. Eso entra de lleno en mis planes, y algún día trataré de conseguirlo; pero si eso sucede, quisiera llevar conmigo mi ego. Quiero ser todavía yo misma cuando despierte un día y vaya a desayunar a Tiffany's.

(Desayuno con diamantes, Truman Capote)



Retomando viejas lecturas, buenas costumbres. Y reflexionando sobre cosas estúpidas. "Cuando viva en una mansión gigante, empapelaré las paredes con póster como ese. Y éste, y aquel y tantos otros que andan en algún rincón de mi armario. Perderse es una palabra que cada vez me parece más tentadora. No es por falta de ego, es por el agotamiento que me provoca el ego de los demás. Pero ¿de dónde ha salido esta inmunodepresión? Qué trasto, me siento como una botica con patas. Si se estropea la tele, me solucionan un montón de problemas, como esa dosis de masoquismo diario que supone ver las noticias..." Nadie dijo que las reflexiones tuvieran, forzosamente, algún sentido.

No hay comentarios: