Hay personas con las que no merece la pena hablar. Personas enroscadas en una idea boba y preconcebida, en las que ningún mensaje deja su huella. Son un obstáculo insalvable, como un muro de hormigón, por el que las palabras chocan y si esparcen, quedando rotas y sin sentido.
Una bolsa de letras que aletean alrededor de una cabeza sin siquiera despeinarlas.
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