lunes, 11 de enero de 2010

Desconocidos

Los desconocidos me hacen sentir bien. Los mayores secretos de mi vida siempre se los he desvelado a gente a la que apenas conocía; personas que estaban destinadas a compartir un par de recuerdos en mi vida. Una mala noche, un pequeño tropiezo, unas sábanas revueltas...

Esa intimidad, ese vínculo que se crea, cuando alguien te escucha sin más, sin compromiso, sin responsabilidad. El preciso momento de la confesión, que se entrega y se acepta, porque ambos sabemos, que no volverá a suceder. Que se habrá esfumado. Un regalo que no nos pertenecerá a ninguno, que se evaporará a los pocos segundos de ocurrir y será sólo esclavo de esa parcela de tiempo.

Los desconocidos me hacen sentir bien. Me dan esa excitación confiada y serena, que sólo a veces encuentro cuando estoy contigo.

domingo, 10 de enero de 2010

Copitos


Caen copitos en Madrid. Y me los estoy perdiendo y eso no mola. Así que retozad en la nieve por mi!

Confesión (III)

Hasta hace poco me asombraba la volubilidad de los sentimientos humanos. Me desconcertaba esa manera de comportarse. Ahora empieza a resultarme bastante divertido, que los hombres actúen exactamente igual que la excitabilidad de sus neuronas, bajo la ley del todo o nada.

Hoy te adoro, mañana te odio. Hoy te hablo, mañana no existes.

Vamos a hacerlo

Ahora lo sé. Esto es todo lo que hay que hacer. Pararte a pensar un poco. Escoger uno, y sólo uno, de los hilos de la madeja. Y recorrer el laberinto, hasta el final.

Eso es todo. Voy a hacerlo.

Vergüenza ajena

Hace unos días estuve viendo esto:



Y diréis: ¿¿Fantasia?? ¿Qué tiene eso de nuevo y especial? Pues nada, pero es que no vi el fragmento de la peli, sino el ballet: El Cascanueces.

Desde entonces he estado buscando las palabras para definirlo, pero aunque se me han ocurrido términos bastante cercanos, no encuentro la manera de describir tan deplorable espectáculo.

Lamentable, bochornoso, deprimente, vergonzoso, dantesco. Así, o peor, fue el comportamiento del público. Yo no sabía si clamar misericordia a los cielos o sacar una kalashnikov y tratar de arreglar tanto desbarajuste genético de una vez por todas.

Madres e hijas, con prismáticos, tratando de parecer gente culta y refinada y roncando antes del final del primer acto. Señoronas con minifaldas, escotes desafiando a la ley de la gravitación universal y rebozadas en todo tipo de abalorios dorados, combinados tipo M.A. Adolescentes histéricas hablando por teléfono sin la menor consideración. Familias enteras comiendo frutos secos y bebiendo latas de Pepsi.

A-L-U-C-I-N-A-N-T-E      Y      V-E-R-Í-D-I-C-O.

Ningún tribunal me hubiera condenado por acabar con esa escoria, estoy segura.

sábado, 9 de enero de 2010

Si alguna vez


Debes saber que si alguna vez volvemos a encontrarnos, fingiré no conocerte. Ahuyentaré mi alegría, desviaré la mirada y esquivaré tu saludo.

Así que, si alguna vez vuelves a tropezarte conmigo, por favor, sácame del asombro, recuérdame cómo éramos y no dejes que me escape.

Confesión #2

Aún no he conocido a un sólo tío que cuando me dice: "sólo quiero conocerte y que seamos amigos", lo diga de verdad, hasta las últimas consecuencias. Sin roces innecesarios.