sábado, 15 de noviembre de 2008

Un poco de Incubus, por favor



Sometimes, I feel the fear of,
uncertainty stinging clear.
And I can't help but ask
myself how much I'll let the fear
take the wheel and steer.

It's driven me before, and it seems to a faint,
haunting mass appeal.
But lately I, am beginning to find that I,
should be the one behing the wheel.

Whatever tomorrow brings, I'll be there,
with open arms and open eyes, yeah.
Whatever tomorrow brings, I'll be there,
I'll be there....


So if I, decide to waiver my,
chance to be one of, the hive.
Will I, choose water over wine
and hold my own and drive?

It's driven me before, and it seems to be the way,
that everyone else gets around,
But lately I'm, beginning to find that,
When I drive myself my light is found.


(...)



¿Cuándo sacarán disco nuevo? ¿Cuándo demonios darán el concierto que espero en Madrid?
¿Cuándo, cuándo, cuándo? No puedo con esta incertidumbre...

La frase de la semana

Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas.



Las múltiples discusiones con mi grupo de trabajo me llevan a la misma conclusión. La obcecación de aquel que sólo conoce lo superficial de la materia es irritante. La inseguridad del que maneja más información que el resto, desalienta. Llegar a un acuerdo sólo es posible si las armas están lejos de nuestro alcance.

Morriña













Morriña.

(Del gall. port. morrinha).
1. f. coloq. Tristeza o melancolía, especialmente la nostalgia de la tierra natal.
2. f. Veter. comalia.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Congratulations

¡¡¡Enhorabuena, Señor Calamar!!!
Ha sido largo el proceso, pero lo has conseguido!!!



P.D.- Si compila está bien, si arranca es perfecto!! Se me cae la babita.

El dolor del dolor


Cuánto duele el dolor ajeno. Cuánto tiempo, resistiríamos viendo sufrir a un ser querido, sin poder hacer nada, sin perder la fe.

¿Se puede obligar a alguien a sobrevivir, a luchar, a sufrir, sufrir y sufrir?

No sé si merece la pena vivir a toda costa; mientras los años pasan y el dolor persiste, se reproduce, aumenta... ¿dónde está el límite? ¿cuándo se nos permite tirar la toalla?

Quizás sea mejor vivir un sólo año, un par de meses, un instante de felicidad plena, que toda una vida encarcelada en una espiral de medicamentos y hospitales.

Pienso en ella, claro. Pienso en sus muchos años de sufrimiento. Pienso en todo el dolor que habrá vivido su familia, en la tristeza, el cansancio, la impotencia que deben reflejar sus ojos, para decir: "basta. Márchate, pero márchate feliz. Dedica tus últimas fuerzas a sonreír, a hacer aquello con lo que siempre soñaste. No luches para seguir aferrada a este dolor." Las circunstancias que te empujan a liberar el dolor ajeno y hacerlo propio. Toda la tristeza y la ausencia que les quedará, a cambio de una vida y una muerte, digna, libre, feliz, al fin.

Y lo comprendo. Por escandaloso o irracional que pueda parecer, lo comprendo. Siendo sincera; yo haría lo mismo.

Ojalá, lo que espera de la vida, le sea dado en sus últimos momentos. Ojalá, sus días pasen sin hacerle más daño, sin agregar más dolor al dolor.

Comparto epitafio con Antonio Gala: Murió vivo.
No entiendo otra manera de hacerlo.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Tah jartaaaoo!!!

        
Si le veis: huid!!!!



De entre todos los vecindarios extraños del mundo, el mío se lleva la palma. De lejos.

Dejando a un lado mi concurrida fauna vecinal y sus truculentas batallas psicológicas, hay un espécimen que merece una mención aparte: el gaitero (alias "el desafinado").

El gaitero es uno de esas pobres almas cándidas que no es aceptada ni en el seno de su propia comunidad. Es esa inocente criatura que no superó con éxito la adolescencia, marginado por sus compañeros, por preferir la gaita (tan elegante) al fútbol. Es ese mentecato, que en lugar de tocar los... "la gaita", en su casita, lo hace en el patio del bloque. El gaitero es mi peor enemigo.

Además existe una correlación irrefutable en este fenómeno: si yo me siento a estudiar, el gaitero se pone a ensayar.
Lo único que aún no comprendo es cómo practicando dos horas sin parar (mientras yo aderezo su interpretación con algunos gritos desesperados desde mi ventana) puede tocar taaaaan condenadamente mal!!!

He sobrevivido a tres años de absurda convivencia en la capital. Pero con esto no puedo: el gaitero despierta mis instintos asesinos.
Así son las cosas.

Si este mundo fuera justo, alguien le habría hecho tragar ya la maldita gaita.

Aquí tenéis una muestra de la tortura auditiva a la que nos somete. Si sois capaces de aguantar hasta el final, entenderéis el porqué del título de esta entrada.

Solemnemente insufrible. Desafinación sin límites. ¡Qué nivel de desamparo artístico! Felices aquellos que no tienen un gaitero en su vida.

Disfrutad del apoteosis final interpretativo en todos sus matices (si podéis).


Quiero, quiero, mío, mío, mío

Lo quiero, lo quiero, lo quiero!!!
Quiero exactamente ese jersey. He dicho.


P.D.- Es cierto, es una basura de foto, pero mi cámara es así. Poned un poco de vuestra parte. Es el mejor jersey del mundo mundial. He dicho (otra vez).