Lo verdaderamente triste no es que hayas salido de mi vida, sino que una vez eliminados los pocos regalos que un día me hiciste, ya no quede ningún resto de ti.
Puedes besar a mi mujer. Puedes llevártela a la cama.
Lo
único que no puedes hacer con ella, es hacerla reír.
("You can kiss my wife; you can take her to bed, but you cannot make her
laugh. I want to go back. You can kiss my wife, but only I can take her
to bed and make her laugh. I want to go back. Only I can take her to
bed, comma, and make her laugh" by Phil Dunphy)
Lo terrorífico no era que se comiera el corazón de
cualquiera, sino que lo hiciera con cuchillo y tenedor. A trocitos pequeños y
masticando despacio, sin emoción. Por puro protocolo, sin mancharse las manos.