Confesión (XVII)
Ha pasado el tiempo en que podíamos mirarnos y creer que el futuro era un pretil inocuo.
Un puñado de tabúes cruzó la habitación y todos callaron, pero sólo yo bajé la cabeza a tiempo de esquivar el proyectil.
Las malas intenciones siempre llevan mi nombre y tú sigues sin leer entre líneas, aunque me pase el día llamándote a fogonazos.
Voy a salir corriendo de un momento a otro, mientras no haces nada por detenerme y yo sólo deseo convertirme en piedra.
Nos derrotamos sin palabras, tan pronto como descubrimos que querer, podía ser más peligroso que no querer en absoluto.
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